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Ernesto Capuano Del Vecchio

 

Ernesto Capuano Del Vecchio

Ernesto Capuano Del Vecchio

Un ángel de la guarda de los migrantes internacionales.

Por: Eduardo Velásquez


Ernesto Capuano y Eduardo VelásquezNacido en Xelajú, el 20 de noviembre de 1914; Capuanito se encuentra temporalmente entre nosotros, en una visita de diez días acompañado del ex decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de San Carlos de Guatemala, Gilberto Castañeda Sandoval; ambos residentes en México. Fueron sus padres José Capuano Conde y Emanuela del Vecchio. Tuvo tres hermanos: Dante, Carlos y Ernestina; ya todos fallecidos. Fue educado en el Colegio Minerva de la Ciudad de la estrella –como denominara a Quetzaltenango el poeta colombiano Porfirio Barba Jacob– cuya directora fuera la insigne educadora María Teresa Benett de Rolz y fue su maestra de primeras letras, junto a Jacobo Arbenz Guzmán, la señora Martha Florencia Samayoa de Carrera, abuela materna de quien escribe. Se graduó de Bachiller en Ciencias y Letras en el famoso Instituto Nacional de Varones de Occidente (INVO) y migró hacia la capital de la república para continuar sus estudios universitarios en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, cuando esta se ubicaba en las actuales instalaciones del Museo Universitario (Musac). Eran los tiempos de la dictadura ubiquista y tuvo que expatriarse en México, por primera vez.

La vez primera que oí su nombre fue de la boca de José Fernando Velásquez Carrera, mi hermano mayor ya fallecido. Durante los años de su estudio en la Facultad de Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México en donde recibiera el Doctorado en Derecho Internacional, Fernando supo de las innumerables acciones de bondad que este abogado y notario quezalteco hiciera a favor de miles de inmigrantes españoles –en tiempos de la emigración republicana– y latinoamericanos –en los diversos tiempos de las indecibles dictaduras– en México y que se extendiera a cientos de centroamericanos y guatemaltecos que llegaban emigrados o expatriados al país hermano. Otro querido amigo, Francisco Rodas Maltez me confirmó tales ejecutorias. Así que Ernesto se preocupó de ayudar en sus trámites migratorios ante las autoridades mexicanas a todos aquellos hermanos españoles y latinoamericanos que llegaban desamparados a México y que necesitaban regularizar su situación para trabajar o estudiar en el país de Benito Juárez. Todo ello sin cobrar un “solo centavo”. Un ángel de la guarda de los migrantes internacionales, como se diría hoy y de los exiliados de siempre.

Con la llegada de la primavera democrática de Guatemala, Ernesto funge como asesor del Banco Nacional Agrario y en 1951 contrae nupcias con la dama mexicana Carmen García Zepeda de Capuano, con quien comparte su vida, que llega ya a la altura de los 93 años. Con la intervención norteamericana de 1954 se exilia nuevamente en México en donde vive hasta la actualidad.

Esperamos en breve que Ernesto pueda incorporarse a la vida universitaria en Guatemala en donde esperamos pueda escribir sus memorias y que el Consejo Superior Universitario conozca el expediente para otorgarle el Doctorado Honoris Causa que la Universidad de San Carlos de Guatemala solo otorga a ciudadanos con tales virtudes académicas y humanísticas.

Ernesto Capuano, un guatemalteco en paz (I)

Carlos Cáceres R.


La vida de Ernesto Neto Capuano es parte de la historia política de Guatemala. Su aporte básico ha sido su entrañable conducta como un ser humano solidario y de gran ejemplo moral. En él hay sensibilidad estética e identidad cultural con su pueblo. Estos factores explican su apoyo al exilio latinoamericano para lograr su documentación en México, realizado sin cobrar honorarios pues el alma de Neto se encuentra llena de un gran humanismo.

El pasado 20 de noviembre Neto cumplió 93 años -coincide su nacimiento con el inicio de la revolución mexicana- de progresiva evolución ideológica pues siempre ha estado presente con su pensamiento progresista. Lo impulsó desde temprana edad cuando recorría las calles de su barrio en la calle Morazán de Quetzaltenango y asistía al Instituto América, dirigido por el maestro Ernesto Cabrera y con profesores como Santos Carrera. Ambos hacían esfuerzos para lograr una educación fuera del contexto tradicional. Un tema poco atendido en las iniciales décadas de 1900 en Guatemala.

Neto logró superar imposiciones de tipo cultural y la implicación de este hecho se encuentra en la dedicación otorgada a diferentes lecturas. En sus años de estudiante en el Instituto Nacional para Varones de Occidente (INVO), acudía a comprar novelas y textos marxistas en la librería Cifuentes de Quetzaltenango. Su dirección, señala Carlos Navarrete, era “en la bajadita, cerca del teatro en el parque central”. Este hecho se explica porque Quetzaltenango -la Xelaju de siempre- fue denominada durante esa época como la Atenas de Centroamérica. Incluso, llegó a establecerse una sucursal del periódico El Unionista, donde se podían leer artículos contra la dictadura de Manuel Estrada.

Acudir a la librería Cifuentes significaba encontrar a lectores como Rubén Darío o Porfirio Barbajacob, entre otros, y compartir imaginación, ritmo y organización lineal, a través de la palabra y pintura de Carlos Mérida, también asiduo visitante de la librería. Fue entre revistas y libros, la gran mayoría provenientes de México, donde Neto estableció relación de amistad con Humberto Molina y Jacobo Sánchez; hombres de izquierda comprometidos con el desarrollo histórico de su país. Como producto de esas tertulias, en la gran mayoría de ocasiones salpicadas con licor dulce de Salcajá, decidieron escribir artículos para la revista Nosotros. Sin complicaciones retóricas ni sutilezas. Neto siempre ha sido un gran lector y puede afirmarse que para él los libros son receptáculos de la memoria y creatividad humana.

Es en ese contexto donde se desarrolla el pensamiento democrático de Neto, inmerso en un marco constitucional donde la justicia es equilibrio entre las partes al colocar sin ninguna distinción a hombres y mujeres para garantizarles derechos individuales como la libertad, libre asociación y expresión sin ningún impedimento. Las lecturas de Neto originaron planteamientos para lograr el impulso a derechos colectivos donde se ubican la cultura, identidad, libre determinación, etcétera, y la satisfacción para guatemaltecos y guatemaltecas de necesidades básicas como educación, trabajo, alimentación, salud y recreación.

Sus padres -José Capuano y Emanuela del Vecchio- fueron parte de la emigración italiana en Guatemala y propietarios de la finca Nueva Italia: “café, caña y un poco de ganado”, señala Neto. Después de venderla se dirigieron a la capital guatemalteca donde Neto -joven de 18 años- ingresó a la facultad de derecho de la tricentenaria Universidad de San Carlos de Guatemala -nacional y autónoma-, institución vinculada al impulso de los fundamentos del estado moderno guatemalteco. Neto tuvo la oportunidad de compartir una destacada relación con estudiantes que habían participado derrocando la dictadura de Estrada Cabrera, y otros con quienes mantendrá iguales opiniones académicas, sociales y políticas para, posteriormente, enfrentar la dictadura del general Jorge Ubico. Destacan algunos nombres como Antonio Reyes Cardona, José (Pepe) Hernández Cobos y Carlos Palma.

El desarrollo de la dictadura del general Ubico colocó a Neto como un joven rebelde consciente del papel negativo de los sectores económicos en el poder y se opuso a ellos. Su acción no fue desesperada; por el contrario, la llevó a cabo en forma racional, con lealtad a su país y con dignidad. Nadie calló su voz pues estaba al lado de la gente sin alfabeto y actuando para impedir la discriminación en contra de cualquier guatemalteco o guatemalteca. Por esta situación, Neto enfrentó un primer exilio. Se había trasladado a México para participar en el Congreso contra la guerra y el fascismo, invitado por la Central de Trabajadores de México (CTM), dirigida en esa etapa por Vicente Lombardo Toledano, y ya no pudo regresar. La implicación inmediata de esta situación fue no graduarse en la universidad guatemalteca y concluir sus estudios de abogado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde presentó su tesis Evolución de la antropología criminal.

La capacidad intelectual de Lombardo Toledano y su apoyo al exilio guatemalteco, serán ejes de especial relevancia en la vida de Neto. Mantuvo con Lombardo un estrecho vínculo político y cultivó durante muchos años una relación de amistad la cual se fortaleció con el tiempo. Ambos coincidieron en planteamientos de política expresados con mutuo respeto (Continuará).


Ernesto Capuano, el político (II)

Carlos Cáceres R.


 La vida política de Neto Capuano se vincula a una inicial etapa cuando, desde México -en su primer exilio-, realizó esfuerzos para organizarse en contra de la dictadura del general Jorge Ubico: el militar -dice Neto- de la hegemonía feudal y su apoyo a empresas del extranjero, el admirador de la ideología fascista, y su desdén por la vida humana. La implicación inmediata de esta realidad fue la creación en México por parte de los exiliados de la Unión Popular Guatemalteca. Su dirección colectiva -donde participaban Neto Capuano, Carlos Arias y Alfonso Solórzano- la dirigió Miguel García Granados.

El general Lázaro Cárdenas, presidente democrático mexicano, veía con simpatía la actividades del exilio guatemalteco. En especial, después de denunciar la relación entre Ubico y el general mexicano Saturnino Cedillo, quien encabezó la última rebelión caudillista militar en México y fue derrotado. Tampoco hubo oposición gubernamental mexicana hacia las acciones de la Unión de Revolucionarios Latinoamericanos. Neto Capuano, como parte de esas organizaciones, destacaba como dirigente cuyo pensamiento era la pluralidad política rechazando actitudes dogmáticas, inefables o absolutistas. Con información de los movimientos políticos que se gestaban en Guatemala, regresó a su país en julio de 1944 y, el 20 de octubre de ese año, estalló lo que en Guatemala se ubica como Revolución de Octubre.

La acción política de Neto Capuano se desarrolló en Guatemala en el área internacional del partido Vanguardia Democrática. En él participaban personalidades de la vida nacional como Enrique Muñoz Meany, quien posteriormente dirigiría la cancillería colocando la política exterior guatemalteca en un alto nivel de independencia y dignidad, así como Ismael Méndez Zebadúa y Antonio Cruz Franco, entre otros. Neto Capuano se desempeñó impulsando la Reforma Agraria y durante el gobierno de Jacobo Arbenz, fue segundo responsable del Departamento Agrario. El jefe era el capitán Alfonso Martínez: “Un hombre inteligente”, confirma Capuano quien desempeñó la tarea de entregar fincas a los trabajadores, aunque su posición era la de crear cooperativas. Luego fue director del Bano Agrario.

Para Neto Capuano el movimiento democrático de Octubre estaba resolviendo los principales problemas económicos e impulsando el desarrollo de las fuerzas productivas del país. Además de pronunciarse contra el coloniaje y romper relaciones con los dictadores Leonidas Trujillo y Anastasio Somoza, los dos gobiernos de la revolución guatemalteca (Juan José Arévalo y Jacobo Arbenz) concedieron asilo a perseguidos políticos, y elevaron el ingreso nacional distribuyéndolo más equitativamente.

Además de la actividad política de Neto Capuano, como parte del régimen democrático del presidente Arbenz, debe destacarse su participación organizada -después de Vanguardia Nacional- con el Partido de la Revolución Guatemalteca. En él participó Neto junto a Roberto Alvarado Fuentes y Augusto Charnaud MacDonald, para citar con brevedad. “Quisimos hacer el único partido de la revolución”, expresó Capuano, el cual se integró a la organización unitaria Frente Democrático Electoral (FDE), con los partidos Acción Revolucionaria, Guatemalteco del Trabajo y Renovación Nacional. Su propósito fue formar un bloque unido de fuerzas identificadas con la democracia y participar en las elecciones para diputados al Congreso de la República con planillas únicas.

Neto Capuano fue candidato a diputado. No ganó pero, en general, se obtuvieron resultados positivos. Por esta razón, el 23 de enero de 1953 Neto declaro al periódico Octubre: “La votación de esta ocasión es sintomática de que las fuerzas democráticas han aumentado en el departamento de Guatemala. Ello se debe fundamentalmente al programa presentado por el FDE que satisface las demandas de los obreros, de los campesinos, de la pequeña burguesía y de la burguesía progresista”. El pensamiento de Neto Capuano estaba inmerso en el criterio de la unidad, aspecto que siempre ha repetido en conversaciones políticas. Asimismo -enfatizó- nuestro pensamiento estaba dirigido a asumir la igualdad de todos los seres humanos porque nacen libres e iguales en dignidad y derechos, y también planteamos la necesidad de no establecer distinciones por razón de sexo, y argumentamos que cualquier discriminación contra la mujer vulnera la Declaración Universal de Derechos Humanos.

“Cuando Guatemala experimentaba un ascenso socioeconómico y político -afirmó Neto- se produjo la abierta intervención de Estados Unidos a quien no importó la voluntad mayoritaria de nuestro pueblo ni la gran solidaridad de todos los pueblos de la Tierra a favor de la causa de Guatemala que luchaba por su independencia económica, su proceso social y que constituía un ejemplo de la acción liberadora de los pueblos sometidos”.

Para salvar su vida, Neto se refugió en la embajada de México en Guatemala, al igual que el presidente Arbenz y cientos de guatemaltecas y guatemaltecos. Una vez más, regresó al exilio. Pero en él continuaba vigente y en la actualidad sigue pensando así, que la racionalidad para actuar ante la vida permitirá avanzar a hombres y mujeres según su visión del mundo, con la finalidad de plantear una nueva integración social. Comparto el criterio, expresa Neto Capuano, de que el fortalecimiento de la paz y el respeto a los derechos humanos, son ejes básicos en la modernización de Guatemala (Continuará).


Ernesto Capuano; un ser humano solidario (y III)

Carlos Cáceres R.


 El exilio representó para Neto Capuano una forma de enfrentar su vida política. Sin ceder espacios a sus posiciones ideológicas, formó parte de la directiva de la Unión Patriótica Guatemalteca (UPG), junto a Luis Cardoza y Aragón y Víctor Manuel Gutiérrez. Con ambos mantuvo una entrañable amistad. En el Boletín Interno (No. 2, agosto, México, 1957), identificaron a la UPG como “la agrupación unitaria de los guatemaltecos desterrados en México” y asumieron “promover por todos los medios y en todas las formas la solidaridad internacional con el pueblo de Guatemala y contra los actos de la tiranía lesivos a los intereses populares y nacionales, contra la persecución y el terror, por la libertad de los presos políticos y por el regreso de los desterrados…”.

La UPG se integro en México con los partidos miembros de la FED y la Confederación General de Trabajadores de Guatemala. Posteriormente, el licenciado Capuano -así fue conocido por la “oleada” de exiliados que llegaron a México a partir de 1960-, se integró al Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT). Capuano será un marxista-leninista sin dogmatismos. Siempre planteó eliminar el criterio expuesto en el socialismo real de anular la libertad y cambiarla por el significado de imposición.

El pensamiento de Neto Capuano se expresa con claridad cuando se refiere a los diversos gobiernos en Guatemala señalando: “No han tomado las medidas necesarias para defender los intereses nacionales ni los intereses del pueblo frente a sus enemigos que quieren mantenerlo sumido en la pobreza y seguir la política de hacerlo más miserable cada día para dominarlo y explotarlo”.

Lo relevante a destacar en Neto Capuano ha sido su acción diaria como un ser humano solidario. Un hombre con fe en su destino supo estar presente junto a mujeres y hombres exiliados de América Latina en México. Este aspecto sólo se puede comprender si se posee un pensamiento universal. Su esencia se encuentra en la ayuda jurídica proporcionada -sin cobrar- a quienes llegaron a tierra mexicana por motivos políticos y buscaban documentarse para poder trabajar. No fue una concepción idealista de la vida, por el contrario, significó para Neto Capuano ser consecuente con su pensamiento. Por esta razón, cuando en 1994 el Consejo Superior Universitario de la USAC le hizo un acto de reconocimiento, junto a otros colaboradores de 1944 dijo: “Queremos una sociedad en la que se reconozcan los valores nacionales de nuestro pueblo y las grandes tradiciones culturales prehispánicas, las luchas anticolonialistas, la defensa de nuestras libertades y nuestra soberanía”.

¿Cuál fue la motivación inmersa en Neto Capuano para actuar en México como un hombre solidario? Después de dialogar ampliamente con él, puedo expresar una inicial repuesta sociopolítica al reconocerle su preocupación para resolver los graves problemas de su país como la pobreza y pobreza extrema, el desempleo, la marginación social, y falta de seguridad, para citar con brevedad. Capuano siempre ha pensado en la posibilidad de lograrlo mediante la acción organizada de los sectores populares y otros cuya identificación sea con los intereses del pueblo guatemalteco; asimismo, mediante la unidad política, democracia, la seguridad, justicia social y la paz. Estos hechos explican su presencia como miembro de diversas organizaciones, entre ellas, el Consejo Mundial de la Paz. Y junto a esos principios, el respeto a los derechos humanos y la libertad.

Para Neto Capuano, en la actual etapa de paz en Guatemala, el Estado debe asumir su responsabilidad para no vulnerar ningún derecho cultural, económico, político o social y, de esa manera, evitar cualquier exceso de orden individual. La racionalidad para actuar ante la vida permitirá avanzar a la ciudadanía, según su visión del mundo. La paz y los derechos humanos son ejes básicos pues consolidan el proceso de civilización.
Neto Capuano ha sido un hombre solidario como parte del desarrollo de las relaciones humanas. Esto conduce a colocarlo como solidario consigo mismo y lo ubica en el contexto de la modernidad política porque se preocupó por los demás y colaboró en el desarrollo de todos. Para Capuano la solidaridad fue un compromiso porque es parte de la naturaleza del ser humano (Final).

Ernesto Capuano del Vecchio: Semblanza (1)


A los hombres se les define en la historia por sus acciones y por sus obras.

Ernesto Capuano del Vecchio, Neto como lo llamamos cariñosamente sus amigos, cumplió 92 años el pasado 20 de noviembre. Goza de buena salud, a excepción de su vista que nunca ha sido buena, no obstante y como muestra de su férrea voluntad estudió aeronáutica y fue aviador. Ahora sufre las consecuencias de una caída que le ha restado movilidad, pero, anda con sus propios pasos y sobre todo, mantiene la lucidez y la voluntad inquebrantable de siempre, así como una buena salud y un buen apetito. Sigue pensando en dar su mejor esfuerzo para contribuir a la construcción de una Guatemala mejor y mantiene la convicción de que otro mundo es posible.

Contra la dictadura ubiquista y el primer exilio en México

Ernesto Capuano nació el 20 de noviembre de 1914,  en la ciudad de Quetzaltenango, en el seno de una familia acomodada dedicada a la agricultura. Cursó estudios primarios en aquella ciudad, en donde fue compañero de escuela del después coronel Jacobo Arbenz Guzmán, quién sería miembro de la Junta Revolucionaria y el segundo presidente del régimen democrático surgido a partir de la Revolución del 20 de Octubre de 1944.

Siendo apenas un adolescente empezó a vincularse con las ideas socialistas. A los 14 años ya era lector atento de El Capital y mantenía relación con Jacobo Sánchez y Humberto Molina, intelectuales de ideas marxistas. También se relacionó con los organizadores del Partido Comunista de Centroamérica, sección Guatemala, después Partido Comunista de Guatemala, el primero de su tipo en el país.

Aquel partido tuvo una vida de aproximadamente 10 años, que concluyeron con las redadas y fusilamientos de 1932, que organizó el dictador Jorge Ubico. Entonces fueron asesinados Juan Pablo Wainright y posteriormente Bernardo Gaitán, al tiempo que eran encarcelados durante más de 12 años Antonio Obando Sánchez, Juan Luis Chihuichón, Luis Villagrán y otros más. Para aquel entonces Ernesto Capuano se encontraba terminando el bachillerato y poco tiempo después ingresaría a la Facultad de Derecho de la Universidad de San Carlos, donde concluyó sus estudios, pero no llegó a graduarse debido a la persecución ubiquista.

En 1938, Neto viajó a la Ciudad de México para participar en el Congreso Mundial Antifascista que aquí se llevó a cabo y ya no pudo regresar a su patria, impedido por la dictadura. Desde aquel momento, Neto estableció una relación amistosa que duraría toda la vida con el dirigente sindical y socialista Vicente Lombardo Toledano, fundador de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y del Partido Popular, después Partido Popular Socialista (PPS).

La dirección del PPS siempre le ha tenido gran estimación y respeto a su valía intelectual y moral. A Neto le tocó vivir la expropiación petrolera decretada por el presidente Lázaro Cárdenas el 18 de marzo de 1938, y la profundización de la reforma agraria, uno de los pilares de la revolución mexicana. Concluyó sus estudios de derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), lo que le permitió ganarse la vida como litigante y poder dedicarse a la empresa de toda su vida: Apoyar y participar en el cambio social.

En la patria nuevamente

Cuando el dictador Ubico fue derrocado en 1944, al igual que otros exiliados como Luis Cardoza y Aragón, Alfonso Solórzano, Juan José Arévalo, Miguel García Granados y Clemente Marroquín Rojas, Ernesto Capuano regresó a Guatemala y se integró en una efímera organización socialista llamada Vanguardia Nacional. A fines de los años cuarenta, regresó a México para poder obtener el título de abogado. En esa oportunidad conoció a la que después sería su esposa, Carmen García Zepeda, originaria de Coahuila y conocida por sus amigos como Carmelita, con quién se casó en 1951 y lo acompañó a vivir a Guatemala.
Aquí, Neto fue militante y Secretario de Asuntos Agrarios del Partido de Acción Revolucionaria (PAR) y después del Partido de la Revolución Guatemalteca (PRG) y contribuyó al avance del proyecto revolucionario participando en diversas iniciativas. Entre ellas, difundiendo los planteamientos de la economía política, que son esenciales para interpretar la realidad económico-social con base en el materialismo dialéctico y, sobre todo, y contribuyó a la concepción de lo que después sería el Decreto 900: Ley de la Reforma Agraria. Además, fue Jefe del Departamento Agrario Nacional (DAN) y al momento de ser derrocado Arbenz, era Director del Banco Agrario.

Luego de la intervención yanqui y el triunfo de la Contrarrevolución en 1954, Neto obtuvo asilo diplomático en México, país donde ha vivido desde entonces trabajando como abogado para ganarse el sustento diario y, sobre todo, participando de diversas maneras a favor de la izquierda y la revolución en el Continente.

Exiliado defensor de exiliados

En México comenzaría otra etapa en su vida de abogado y revolucionario. Se convirtió en gestor solidario ante la Secretaría de Gobernación de los asuntos de todos los exiliados guatemaltecos y posteriormente de los asilados y emigrados de Centroamérica y de toda América Latina y el Caribe. Se calculan en varios miles los casos que Neto resolvió ante dicha Secretaría y por los cuales nunca cobró un solo centavo. Carmelita también fue solidaria en las gestiones hechas a favor de los asilados, al tiempo que la residencia familiar en Bucareli, una de las avenidas importantes de la Ciudad de México, un hermoso departamento de acero y concreto construido allá por los años de 1905, le servía a Neto para desarrollar su inmensa y meritoria labor altruista. A la muerte de Carmelita, en 1996, su ahijada, doña Irma Checa que vivía con ellos desde 1992, siguió en la casa apoyando a Neto y asumiendo su cuidado, pese a que conforme avanza su edad aumentan las exigencias y las atenciones por él requeridas.

Desde muy pronto, la alta política mexicana aquilató la generosidad de Ernesto Capuano y el aprecio que la dirección del PPS tenía por su persona. Así, entonces, el presidente Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958) ordenó a dicha Secretaría que se le diera toda la ayuda posible en sus gestiones a favor de los desterrados, sentando las bases para su fructífera labor durante varias décadas. De igual manera actuarían los sucesivos Secretarios de Gobernación, entre ellos Fernando Gutiérrez Barrios, el mítico y controvertido político mexicano, conocido entre otras razones porque encarcelaría a Fidel Castro y a Ernesto Che Guevara y demás integrantes del Movimiento 26 de Julio, para luego apoyarlos en su traslado a Tuxpan, Veracruz, donde se embarcaría en el “Granma”, dando inicio a la lucha contra Batista, lo que le granjeó de por vida la amistad con Fidel y la revolución cubana.

Para aquel momento, el segundo lustro de los años cincuenta, Capuano había ingresado al Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), siendo su tarea principal la ayuda solidaria realizada a favor de los exiliados guatemaltecos y de cualquier otro país. Su convicción ideológica se integró, así, con su enorme condición humana y lo marcó para siempre.

Con el nuevo ascenso del movimiento revolucionario en los años 80, Neto y otros muchos guatemaltecos en México elevaron su participación en la lucha y sus niveles de organización. En particular, Neto mantuvo entonces y ha mantenido siempre una posición honesta y de respecto irrestricto a su ideario revolucionario. Una de sus ideas centrales es que la izquierda guatemalteca en particular y la oposición en general deben unificarse y supeditar a ese objetivo cualquier sectarismo e interés personal o de grupo, pues está convencido, como lo estamos muchos de nosotros, que esa unidad es esencial para  el avance de las fuerzas opositoras a las dictaduras que hemos sufrido a lo largo de nuestra historia y los regímenes antidemocráticos que sacrifican el futuro del país y de su pueblo enarbolando la bandera del neoliberalismo y la globalización que encabezan las empresas transnacionales.

Capuano ha sido desde siempre un hombre íntegro y coherente con sus principios e ideales revolucionarios. Por eso, no han sido pocas las veces que el poder lo ha buscado para congraciarse con él y lucir tal acercamiento como un trofeo inestimable. En 2001, el gobierno de Alfonso Portillo, a través de su embajada en México le ofreció la Orden del Quetzal, pero, Ernesto Capuano la rechazó por un mínimo de congruencia consigo mismo, pese a que incluía un estipendio mensual nada despreciable para quién no tiene ingresos fijos y se encuentra ya al final de su vida. Igual rechazó la posibilidad de que como un reconocimiento a su enorme labor gratuita, se le gestionara ante el Gobierno de Guatemala una pensión vitalicia. En ambos casos expresó que pensando como pensaba, mal podría aceptar la ayuda de un gobierno neoliberal poco o nada preocupado por el futuro del pueblo de Guatemala. Así las cosas, Ernesto Capuano del Vecchio vive en México con una gran modestia y una gran dignidad, si bien su mente y su corazón no han podido separarse nunca de su querida Guatemala.

La serenidad del crepúsculo

El domingo 19 de noviembre de 2006, un pequeño grupo de amigos nos reunimos con Neto para celebrar sus 92 años, que cumpliría al día siguiente. Raúl Díaz, su compañera Rosa Nieves Nogueda, Gilberto Castañeda, Carlos López, Otoniel García, Carlos Cáceres, Mario René Matute y Carlos Figueroa nos dimos cita en aquel lugar. Otros muchos no pudieron estar presentes, pese a que lo visitan y se mantienen en comunicación con él regularmente, entre ellos, Stella Quan, Aura Marina Arriola, Carlos Paz Tejada, Otto Raúl González, Julio Gómez, Rodolfo Córdoba, Manuel Ángel Castillo y Oscar Manolo Farfán.

Ere un domingo frío y lluvioso. Después de la comida regresamos a su departamento, donde pareciera que el tiempo se hubiera detenido. Fotos, muebles y adornos evocan los años pasados y su esplendor. Un piano que hace mucho tiempo ha dejado de usarse forma parte del mobiliario de la sala. Encima de él están las fotos de Neto y Carmelita en la medianía de sus vidas. Cada uno de nosotros hizo uso de la palabra y le expresamos a Neto nuestro cariño, admiración y reconocimiento por su generosidad sin limite. Sentado en un sillón, en medio de una tenue luz, Neto acepta con humildad y gratitud nuestras palabras. “No puedo dejar de observar un atisbo de sorpresa en su mirada. Ernesto Capuano del Vecchio es lo más cercano a un santo que yo he conocido en mi vida”, diría días después Carlos Figueroa en la semblanza que nos envió para rememorar aquella fecha que ahora es inolvidable.

Neto caminó en su vida haciendo todo lo que pudo por los demás, sin esperar nunca nada a cambio. Acaso por ello no hay amargura alguna en su corazón, pese a que las decenas de personas que antes lo buscaban para un trámite o para que les resolviera un problema legal ya no lo visitan o ya se regresaron a sus países. Es una realidad dolorosa que Neto registra con su agudo sentido de la realidad como un dato más de su ya larga vida: “Yo podría vivir cómodamente si hubiese cobrado por mis servicios, por poco que fuera; el departamento en que vivo es propio y mis gastos son bajos”, le dijo a Gilberto Castañeda un día de febrero de 2007, cuando preparaban el viaje que hoy lo tiene de nuevo en su tierra. Y agregó: “Ahora, son escasos los que me visitan o que me hablan por teléfono”.

Así, el reconocimiento y la incomprensión se alternan a ratos. A iniciativa del economista Eduardo Velásquez, en el XXIII Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS), celebrado en la Antigua Guatemala en noviembre de 2001, la Universidad de San Carlos y los congresistas le rindieron un homenaje que Neto agradeció infinitamente y que guarda en su memoria como uno de los tesoros más apreciados. En ese entonces, se llegó a pensar que la Universidad podría darle alguna ayuda, lo cual no fue posible.

En el crepúsculo de sus días, Neto escucha en la radio las noticias, pero, le cuesta ya leer, pese a que ha sido otra de las pasiones de su vida. Sigue atento a lo que pasa en el mundo y sigue soñando con la unidad de los sectores progresistas de Guatemala en torno a un programa que defienda la soberanía nacional y el bienestar de las mayorías. Quienes le queremos y apreciamos estamos seguros que la bondad y las convicciones de Ernesto Capuano del Vecchio estarán con él hasta el último de sus días y que quienes le guardamos gratitud y recordamos con cariño desde Guatemala, desde México y desde los más diversos lugares del Continente, contribuimos a mantenerlo vivo en el recuerdo.

Guatemala, 20 de Marzo de 2007

NOTA:

Esta semblanza se elaboró con base en la que escribió Carlos Figueroa Ibarra el 20 de noviembre de 2006, la cual fue publicada más adelante en Guatemala, en el diario La Hora. Fue enriquecida con otros aportes y las precisiones hechas por el propio Ernesto Capuano. La redacción final corrió por cuenta y riesgo de Julio Gómez y Gilberto Castañeda.


¡Neto Capuano, hasta siempre!

Gilberto Castañeda Sandoval

Compañer@s:

Puede que este mensaje esté centuplicado... Como seguramente ya saben, el Lic. Ernesto Capuano del Vecchio (nuestro querido Neto) murió ayer, 6 de mayo,como a la 20:30 horas. Fue una muerte sin mayor sufrimiento, los años cobraron su cuota...

Al momento de morir estuvo acompañado de doña Irma Checha, la abnegada mujer, sobrina de la esposa de Neto (doña Carmelita), quién lo cuidó durante más de diez años. También estaba con él, en ese momento, Carlos Palencia; Julio Gómez y yo lo habíamos dejado hacía una media hora. Regresé  tan pronto como pude y me enterneció encontrarme con varios vecinos del condominio donde vivía Neto, acompañándolo. Poco a poco se fue llenando la casa. El teléfono sonaba y sonaba; los celulares de los que ahí estábamos, también.

Sirva este mensaje para agradecer una vez más a ese hombre ejemplar su solidaridad permanente con los luchadores sociales y los perseguidos de siempre. Estoy seguro que agradecería profundamente las muestras de cariño que empiezan a agolparse en torno a su muere. Mil gracias por los mensajes que varios de ustedes me han hecho llegar o intercambian entre todos los que lo queremos entrañablemente.

Puedo decirles que, afortunadamente no tuvo mayor sufrimiento y que para Neto (si pudiera darse cuenta), todo eso sería maravilloso... Pero, sobre todo, creo que es muy importante esa respuesta pues le ayuda a pasar este trago amargo a doña Irma Checha, quién sufre mucho su pérdida.

Sé que lo están haciendo pero no es ocioso pedirles que sigan difundiendo la noticia. Adjunto les envío una hermosa foto que me hicieron llegar Ximena Morales y Mauro Calanchina. Es conmovedora...

El día de hoy (miércoles 7) estará en la funeraria J. García López ubicada en General Prim # 57, esquina Versalles, Colonia Juárez; el fax es el 5703-0631.

Doña  Irma pidió que lo incineren a las siete de la tarde con la idea de que cuantos puedan tengan tiempo de llegar a la Ciudad de México. Sé que para muchos es prácticamente imposible, pero si alguien puede intentarlo, sería muy gratificante… (Me dicen que la línea Interjet tiene precios muy accesibles; al parecer, Taca tiene ofertas entre Centroamérica y México).

Seguimos en contacto. Saludos y de nuevo mi reconocimiento de siempre...

Gilberto

La estela que deja Ernesto Capuano

Carlos Figueroa Ibarra.

      Estoy de regreso en mi casa en Puebla después de un largo camino  desde  la ciudad de México. Apenas  son los primeros minutos del 8  de mayo. Imagino al cuerpo inerte de Ernesto Capuano del Vechio en su ataúd, allá en la capilla número 4 de la funeraria García López en   General Prim 57.  El funcionario de la embajada de Guatemala que tenía que dar la autorización  para la cremación, se equivocó y puso mal el nombre de dicha funeraria. Así las cosas, los restos de Neto no pudieron ser cremados y no será sino hasta mañana  a las 2 de la tarde, cuando se pueda cumplir con su voluntad. Por ello, lo que queda de Ernesto Capuano permanecerá en la soledad y en la oscuridad hasta el día 8 de mayo cuando  sus amigos, que en realidad fueron su familia, vuelvan a reunirse para darle el último adiós. Encima del féretro permanecerá también  la fotografía que es producto del genio creativo de Mauro Calanchina.

      De regreso en el autobús, he pensado  en lo que hizo Neto Capuano en su vida  para convertirse en un ser excepcional, querido y respetado hasta por quienes tenían ideas diametralmente opuestas las suyas. Ubicado en la izquierda desde su primera juventud,  el dictador Ubico lo desterró en 1938. Lector acucioso pese a su escasa vista,  Neto hablaba con entusiasmo citando datos estadísticos, hechos y personajes para demostrar la injusticia y la obsolescencia del capitalismo. Sin embargo, pese a su prolijidad en la fundamentación del socialismo,  nunca fue un ideólogo notable del movimiento revolucionario guatemalteco. Tampoco fue un líder carismático  y de arrastre de masas como lo fueron Víctor Manuel Gutiérrez y Leonardo Castillo Flores. Ni un templado y osado conspirador como  en su momento  lo fue Carlos Paz Tejada. No obstante, la memoria de Ernesto Capuano del Vechio perdurará por muchos años y la estela que deja en su paso por la vida es ancha y turbulenta.

      El legado de Capuano es  sobre todo ético. Nunca fue protagónico ni le gustó el poder. Siendo una referencia para el gobierno mexicano en asuntos de exiliados, nunca usó ese prestigio para beneficio personal. Vivió en la pobreza y pese a ello no aceptó que se hicieran  valer sus méritos para gestionar alguna pensión por parte de los gobiernos que  sucedieron a las dictaduras militares. Aunque civiles, para Neto estos gobiernos  eran neoliberales, razón suficiente para no querer que su nombre estuviera asociado a ellos. Tampoco aceptó la posibilidad, la cual se le planteó oficialmente,  de que se le diera la Orden del Quetzal durante el gobierno de Alfonso Portillo.  Y su altruismo fue descomunal. Durante más de cuarenta años ayudó a los exiliados guatemaltecos y de muchos otros países latinoamericanos, a resolver su situación migratoria en México. Nunca cobró un centavo por los miles de casos que resolvió.   Para que él empezara a moverse en los laberintos de la Secretaría de Gobernación de México, bastaba con que la persona a la que ayudaba ?fuera positiva?.  Y esta expresión la usaba Neto para socialdemócratas, social cristianos, nacionalistas, demócratas a secas, comunistas, troskistas, foquistas, maoístas, anarquistas, pero sobre todo rebeldes y perseguidos.

      Pese a que no soy creyente, pienso que lo más cercano a un santo que he conocido en mi vida fue Neto Capuano. La primera vez que lo pensé fue en ocasión de un pequeño homenaje que se le hizo en México. En ese momento, como siempre que se le hacían elogios, Neto miraba con perplejidad al orador. Y como siempre fue su costumbre, los cumplidos se le olvidaron cinco minutos después. En un momento el que tanto en la derecha como en la izquierda, observamos que a menudo la política es la búsqueda del poder por el poder y por el dinero, cuando vemos que muchas veces las ideologías son meramente discursivas y los partidos franquicias vendibles al mejor postor, acaso convenga recordar y seguir el ejemplo de Ernesto Capuano del Vechio. Acaso Guatemala necesite  que muchos de sus hijos e hijas imiten su congruencia entre sus decires y sus haceres, su predilección por los principios,  su simpatía con los oprimidos y desterrados,  su modestia inapagable,  su desapego a los bienes materiales y su altruismo incalculable.



      Carlos Figueroa Ibarra

Despedida a Ernesto Capuano

Raúl Molina Mejía

Esta semana, cuando aún pensábamos en que la Usac le daría el Doctorado Honoris Causa, Ernesto Capuano falleció en México, a los 93 años. La noticia de su muerte nos ha entristecido; pero es la memoria de su vida la que nos lleva a la reflexión.

Dos guatemaltecos, muy cercanos a Neto en la fase última de su vida, cuando vino a despedirse de su Guatemala, han escrito hermosos mensajes de homenaje. Carlos Figueroa Ibarra dice: "Nunca conocí a un hombre más inmune a las vanidades y más reacio a los honores. Ni tampoco más desinteresado con respecto a los bienes materiales... En una época en que el apego a los valores solidarios y la ética de la convicción a menudo se olvidan, la figura de Ernesto... se engrandece y nos deja un ejemplo avasallador".
Gilberto Castañeda aporta su mensaje "para agradecer una vez más a ese hombre ejemplar su solidaridad permanente con los luchadores sociales y los perseguidos de siempre". Y en Guatemala, Oswaldo Enríquez, en nombre de muchos manifiesta: "Su ejemplo pervivirá en todas las generaciones de guatemaltecos que tuvimos la suerte y el honor de conocerlo, como alguien... de una gigante estatura moral, ética e ideológica".
Adicionalmente, recibí por correo electrónico una foto que pinta a Neto de cuerpo entero. Aparece con la edad actual, muy bien vestido, con sombrero y una encubridora sonrisa de labios y ojos, teniendo como fondo la hoz y el martillo: ¡un verdadero Comunista, con mayúscula! Es la foto del "hombre nuevo" de Marx para la Nueva Guatemala que aún no logramos construir. Es la imagen del comunista de nuestro país que, como muchos otros que perdieron su vida por querer dar vida a esa Nueva Guatemala, no vacilaron ni un momento en correrse enormes riesgos. Un ser humano comprometido, vertical, honesto y solidario.
Siempre que uno o una de nuestros insignes militantes de izquierda muere, como en los casos del Comandante Rolando y su compañera, Rolando Castillo Montalvo, el Comandante Gaspar Ilom, Mario Vinicio Castañeda, Carlos Paz Tejada, Jorge Rosal y ahora Neto, nos hemos convencido de la insensatez de nuestra falta de unidad y nos hemos propuesto forjar la gran alianza para ponerla al servicio de nuestras ignoradas mayorías. Solamente para llevarnos una nueva decepción cada vez que se produce un evento electoral, cuando los intereses de clan prevalecen sobre intereses más trascendentales.
Es acá donde quiero rescatar hoy la figura de Neto Capuano. Estoy seguro de que era daltónico con respecto al color rojo: no distinguía ninguno de sus matices. La izquierda era una, a la que había que apoyar con mente y corazón, y el pueblo era uno, independientemente de sus posiciones ideológicas y sus actitudes pragmáticas. Es tiempo de reconocer que aun uniendo a toda la izquierda, no somos opción electoral; solamente si nos unimos de verdad a nuestras grandes mayorías, incluida en ellas la agobiada clase media, podremos inventar un proyecto, un Frente Amplio, que pueda finalmente cambiar el rumbo de nuestro país. En ese necesario esfuerzo de humildad, consecuencia y solidaridad, tenemos en Neto Capuano el ejemplo a seguir.

 

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